jueves, 31 de marzo de 2016

ERITREA:
ESA ENORME 
CÁRCEL A CIELO ABIERTO

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

"En los campos de refugiados de Sudán y Etiopía, se puede advertir en los rostros de los jóvenes eritreos, las heridas
invisibles de su atormentada realidad", según Médicos Sin Fronteras. 
Muchos de los refugiados que tratan de llegar a Europa a través del Mar Mediterráneo son provenientes de la lejana y casi desconocida Eritrea. En ese país del Cuerno de África, no hay hambre ni guerra, pero sus habitantes huyen del inhumano régimen político imperante desde el primer día de su independencia. El viejo sueño de libertad se convirtió de repente en una terrible pesadilla. Esos niños que llenaron las calles del país para celebrar su independencia, para recibir a sus héroes que regresaban a casa, esa generación vive ahora aterrorizada, refugiada en otros países y cada año esa tragedia aumenta, alcanzando unos niveles intolerables que el mundo simplemente ha ignorado.
Independiente de Etiopía desde mayo de 1993, el gobierno de Isaias Afewerki, ha tratado sistemáticamente de instrumentalizar las tensiones con el país vecino para cometer brutales violaciones a los derechos humanos contra su población. Bajo ese pretexto toda la sociedad eritrea ha sido militarizada, imponiendo un servicio militar universal e ilimitado. La mayoría de la juventud eritrea no tiene esperanza en el futuro, servir en una unidad militar o civil es lo único que pueden hacer desde que tienen diecisiete años y para el resto de su vida. 
Ese ambiente de constante pre-guerra le ha servido a Afewerki, para recortar la mayoría de libertades, desde la libertad de movimiento a la de expresión, de la religión a la de asociación. Bajo ese pretexto, la dictadura eritrea no ha implementado la constitución, ni ha hecho funcionar plenamente la Asamblea Nacional. En la práctica en Eritrea no existe un Estado de derecho y nadie ha sido llevado ante la justicia por violar los derechos humanos. Es por esta situación que organizaciones internacionales defensoras de derechos humanos, como Amnistía Internacional definen a Eritrea, como "una enorme cárcel a cielo abierto".
Isaías Afewerki, el guerrillero marxista en los 80, derivó
en el autócrata despiadado en los 90, cuando llega
al poder con la independencia en 1993.
Los eritreos durante todo su proceso de independencia, disfrutaron formalmente de las simpatías de África, pero casi nunca ese sentimiento se transformó en apoyo concreto de los gobiernos del continente. Es que la bandera de la independencia de Eritrea tocaba una llaga muy viva y dolorosa de la historia africana: la arbitrariedad de las fronteras nacionales trazadas por las ex metrópolis coloniales. Temían los gobernantes africanos, por más comprensivos que fuesen frente a las reivindicaciones de los eritreos, que la victoria de su causa iniciase un proceso -muy difícil, doloroso y de imprevisibles consecuencias- de revisión de las injusticias creadas por los intereses europeos durante el proceso de independencia.
El caso de Eritrea es un ejemplo típico de la ambigüedad de Europa y de las Naciones Unidas, frente a la realidad histórica de un continente al que las potencias coloniales se repartieron como si fuese una torta. Primero como posesión territorial italiana y luego de la Segunda Guerra Mundial, como “una entidad autónoma perteneciente a Etiopía, bajo la soberanía de la corona etíope”. El devenir histórico de Eritrea siempre estuvo ligado a la lucha de su propio pueblo. La soledad que vivió durante su largo proceso independentista, puede explicar el auto-aislamiento internacional que Eritrea se ha impuesto en la actualidad, considerándose uno de los países más cerrados del mundo.
                      “La soledad que vivió durante
           su proceso independentista, puede explicar
          el auto-aislamiento internacional que Eritrea
                    se ha impuesto en la actualidad” 
En la actualidad hay un consenso en calificar a Eritrea, como uno de los países más herméticos y aislados de África y por voluntad propia, es decir, por voluntad y decisión personal de su dictador, Isaías Afewerki. Este ex guerrillero de ideas marxistas en los años 80 y líder del Frente Popular de Liberación de Eritrea FPLE, derivó en autócrata despiadado en los años 90, cuando llega al poder con la independencia de Eritrea en 1993. Desde su independencia, Eritrea va ser un país diezmado por la pobreza y la guerra. Durante los años 1998 al 2000 este país se va ver envuelto en una guerra de límites fronterizos con Etiopía, conflicto que va dejar un saldo de más 70 mil muertos entre ambos ejércitos.
Eritrea está anclada en el estratégico Cuerno de África,
entre el militarizado Yibuti, el temido Sudán
y su enemigo de siempre, Etiopía.  
Por su ubicación geográfica, Eritrea también tiene una gravitación especial. Está anclada en el estratégico Cuerno de África, muy próxima a Yibuti, el pequeño país convertido en porta-aviones de las potencias de occidente y de China. Además, Eritrea tiene una amplia frontera con la temida Sudán y con su enemiga de siempre Etiopía, nación que posee uno de los mejores ejércitos de la región. Por estos atributos geopolíticos, el gobierno de Asmara ha sabido jugar bien sus cartas. Desde hace cinco años, Afewerki empezó a acercarse a los países del Golfo, a las monarquías árabes, como Arabia Saudita, Quatar y los grupos yihadistas auspiciados por esos países. Convirtiendo a Eritrea en un temerario santuario del islamismo radical. Lo que le ha generado un mayor aislamiento y a la par mayores ingresos económicos, provenientes de las inversiones de sus nuevos amigos árabes.
Por todo ello, en la actualidad Eritrea es toda una incógnita en el mapa de África y en la región próxima al Golfo de Adén. Una nación cerrada para occidente, con vinculaciones nada santas con el yihadismo y con un gobierno dictatorial que ocupa los primeros lugares en la lista de los principales países violadores de los derechos humanos en el mundo.  
       “Eritrea es toda una incógnita en el mapa de África
               y en la región próxima al Golfo de Adén.
                  Una nación cerrada para occidente,
         con vinculaciones nada santas con el yihadismo
                      y con un gobierno dictatorial”
Según el último informe de Amnistía Internacional AI, Eritrea es un país en el que ser arrestado es un hecho cotidiano, experimentado por hombres, mujeres, ancianos e incluso niños. Los centros de detención oficiales y no oficiales, ubicados en la superficie o bajo tierra, o recluidos en contenedores de metal que incrementan el calor, usados como práctica de tortura, para obtener confesiones o simplemente para castigar conductas,  son la expresión más cabal de los demenciales regímenes carcelarios que se viven en este aislado país africano. La Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, también ha denunciado ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzosas de personas. Además, Eritrea aparece en el último lugar en la lista sobre libertad de prensa elaborada por Reporteros Sin Fronteras RSF.
Adicionalmente, Eritrea se ha convertido en uno de los países con más refugiados en el exterior. “En la actualidad, en los campos de refugiados de Sudán y de Etiopía, se puede advertir en los rostros de los jóvenes eritreos, las heridas invisibles de su atormentada realidad”, se señala en un reporte de Médicos Sin Fronteras MSF. Pero incluso como refugiados, los eritreos no reciben la protección necesaria. Son secuestrados en Sudán por oficiales eritreos, viven una vida de precariedad en inhumanos campos de desplazados por toda la región y cuando consiguen llegar más lejos, entierran sus esperanzas en el Mar Mediterráneo o caen en las manos de las pavorosas mafias de tráfico de personas.  
            “Alrededor de 35 mil eritreos fueron rescatados
                         el año 2015 por Italia en aguas
                         del Mediterráneo, según MSF”
La mayoría de los casi 400 fallecidos en la tragedia de Lampedusa de octubre del 2013 eran eritreos, el país detrás de Siria en el que mayor número de sus ciudadanos optan por una huida arriesgada. “Un control omnipresente del Estado y una represión despiadada”, en palabras del informe de AI, y un éxodo en ocasiones mortal. Alrededor de 35 mil eritreos fueron rescatados el año 2015 por Italia en las aguas del Mediterráneo, según MSF. “El año pasado en Italia, el 50% de la gente que llegó como refugiados eran de Eritrea y de Siria. Estas personas querían un estatus especial, no había que tramitar mucho para darles el estatuto de refugiados. En países con mucha represión como Eritrea, que genera muchos refugiados, cerrar los ojos y pensar que no va pasar nada, es como una muerte en masa anunciada”, informa con mucho dramatismo MSF.
Luego de más de veinte años de independencia, los eritreos han comenzado el largo viaje para recuperar su dignidad, sabemos que no va ser fácil, pero más fuerte es la fe inextinguible del pueblo eritreo por un mañana de libertades y derechos plenos. Alejada de esa enorme cárcel a cielo abierto, en que se ha convertido el día de hoy. 



sábado, 5 de marzo de 2016

YOWERI MUSEVENI:
¿EL  FIN  DE  UNA  ÉPOCA?
La expresión "seguridad y estabilidad regional" muy bien podría explicar el tutelaje de las grandes potencias, hacia el régimen de Yoweri Museveni durante los últimos 30 años. 
Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Tras vencer en las elecciones del pasado 18 de febrero, el presidente ugandés Yoweri Museveni se ha asegurado mantenerse ininterrumpidamente en el poder durante 35 años. Según la Constitución, este debería ser su último mandato, ya que la ley electoral limita a 75 años el máximo de edad de los candidatos presidenciales. Pero el viejo líder ugandés es un político de muchos recursos. Ya en el año 2005 consiguió cambiar la Constitución, que en aquel entonces limitaba a dos el máximo de mandatos para un presidente.

Uganda tiene una larga historia de fraudes electorales. Los últimos comicios no han sido la excepción. Durante la campaña electoral, Museveni prometió aplastar cualquier acción que fuese contra los resultados electorales. El líder de la oposición, fundador del Foro para el Cambio Democrático FDC y ex colaborador del gobierno actual, Kizza Besigye, fue detenido en dos oportunidades y mantenido bajo arresto domiciliario por efectivos de la policía militarizada, durante los comicios. Cuando abrieron las urnas, muchos servicios móviles y las redes sociales fueron bloqueadas. Tras las elecciones, en las calles de Kampala aumento la presencia amenazadora de soldados del ejército y de agentes anti-motines. Los observadores internacionales de la Unión Europea y de la Commonwealth, desde un principio del proceso, denunciaron la falta de transparencia e independencia por parte de la comisión electoral.

Pero a pesar de esta aptitud anti-democrática e intolerante con la oposición de parte del gobierno de Museveni, la comunidad internacional, en especial los centros de poder en el mundo, dieron como valederas estas elecciones, que consagraron cinco años más de hegemonía política del viejo partido Movimiento de Resistencia Nacional NRM y de su Jefe y fundador, el conocido hombre del sombrero, Yoweri Museveni. Pero qué encanto tiene este hombre de padres ganaderos, que estudio en Tanzania, que inició su carrera política formando parte del gabinete de Milton Obote y que sufrió el exilio tras el golpe militar de Iddi Amin Dada en 1971, para que las potencias mundiales, incluyendo China, apuesten por un régimen presidido por él, que dista mucho de ser democrático y medianamente civilizado.

La represión  y la criminaliazación de protesta han sido los signos de la
deriva autoritaria del régimen de Museveni.
La expresión “seguridad y estabilidad regional”, muy bien podría explicar el origen del sustento y tutelaje político de las grandes potencias hacia el gobierno de Museveni durante los últimos 30 años. Hay que recordar, que desde su exilio en Tanzania, Museveni comienza a relacionarse con distintos grupos guerrilleros, hasta que en 1979 participa en el derrocamiento del sanguinario Idi Amin por parte del ejército de Tanzania y de distintas guerrillas ugandesas. Museveni funda entonces el partido Movimiento Patriótico de Uganda, pero no consigue convertirse en diputado en las elecciones de 1980, comicios amañados que buscaban la reelección de Obote como presidente. Su nuevo gobierno anti-democrático, provoca rápidamente una ola de descontento popular, canalizada a través del Ejército de Resistencia Nacional NRA creado por Museveni, quien declara la guerra al Estado ugandés y a su ejército. Comienza así una guerra civil y una desestabilización de la región que continúa tras el golpe de Estado de 1985, que derroca, una vez más, al controvertido Obote. En enero de 1986 los hombres del NRA entran en Kampala y Museveni se autoproclama presidente de Uganda.

        “Con una población cada vez más joven,
            al viejo caudillo le va ser más difícil
             controlar el descontento popular”

El nuevo gobierno cuenta rápidamente con el beneplácito y la aprobación de los países occidentales, lo que le permite el acceso a créditos del Fondo Monetario Internacional FMI y del Banco Mundial BM. A pesar de la falta de democracia y la dura represión contra las guerrillas opositoras, las ayudas financieras permiten a Uganda restablecer el orden interno y gozar de una estabilidad regional tras dos décadas de caos.

Las grandes potencias le asignaron el rol de "estabilizador regional"
al gobierno de Museveni, en la zona de los "Grandes Lagos"
A mediados de la década de los años ochenta, el gobierno de Kampala, con la entronización de Museveni en el poder, se convirtió en el modelo de “democracia” africana para Washington, del mismo modo que Uganda se convirtió rápidamente en una plataforma de lanzamiento para movimientos guerrilleros apoyados por los Estados Unidos dentro de Sudán, Ruanda y el Congo. La militarización de Uganda era parte integral de la política exterior de los EE.UU. Tanto los EE.UU como Gran Bretaña apoyaron la expansión, crecimiento y equipamiento del ejército de Uganda, convertidolo en el partido político y en el único sustento del régimen de Museveni.

        "La militarización de Uganda era parte 
     integral de la política exterior de los EE.UU”.

Años después con el despertar del yihadismo en la región oriental africana, Uganda, como en los años ochenta, se convertirá en pieza clave para la defensa de los intereses de occidente en esta parte de África, esta vez contra el terrorismo integrista de Al Shabab en Somalia. El despliegue de más de 6 mil soldados ugandeses en territorio somalí apuntala aún más a uno de los principales enemigos para Al Shabab, cuyo terreno de actuación cruza cada vez más fronteras. Esta vez la amenaza se posa sobre la capital de Uganda, Kampala, a 1800 kilómetros de Mogadiscio y con un 84% de población cristiana.  Sin embargo, el gobierno de Museveni le debe mucho a occidente como para no estar ahora en la primera línea de fuego, en su lucha contra el yihadismo, siguiendo los dictados del AFRICOM (Comando Militar de los Estados Unidos en África).

Aunque la mayoría de los países africanos se resistieron a la presencia de las bases del AFRICOM en sus territorios, naciones como Nigeria, Etiopía, Liberia y por supuesto Uganda, abrieron sus fronteras para el ingreso del personal armado y de las fuerzas de seguridad corporativa de los Estados Unidos. Uganda, ahora se ha visto envuelta en la guerra internacional que los norteamericanos le han declarado al terrorismo yihadista.

      “Desde los años ochenta, el gobierno de Kampala,
     se convirtió en el modelo de “democracia” africana
                              para Washington.


Uganda desde hace más de una década, es un país rico en petróleo, culturalmente diverso, lleno de muchos grupos étnicos y religiosos, lo que de por sí, le ha creado muchos problemas con el gobierno central. Además, tras las últimas elecciones presidenciales, se ha evidenciado una mejor articulación de los grupos opositores ugandeses, tanto entre los partidos políticos, como en las agrupaciones ciudadanas surgidas desde las bases de la sociedad civil. Lo cual va depararle al gobierno de Museveni, muchos problemas de legitimidad política y desborde popular. Lo cual va cuestionar, tras tres décadas de gobierno, su supuesto rol de estabilizador de la región, que le asignaron los centros de poder. 

Mientras tanto, luego de su victoria electoral, nadie perturba la paz del viejo caudillo ugandés, no así la de su país: Uganda sigue sufriendo periódicamente la arremetida armada de la banda somalí, en la cada vez más porosa frontera compartida. A pesar de ser un estrecho aliado de los Estados Unidos en la convulsa región de los Grandes Lagos, Museveni no se ha librado de las críticas del presidente norteamericano, aunque estas sean meramente retoricas, dadas las estrechas y viejas relaciones e intereses que los une. 

Museveni lleva ya más de tres décadas en el poder, siguiendo la estela de Teodoro Obiang (Guinea Ecuatorial), Eduardo Dos Santos (Angola), Robert Mugabe (Zimbabue), Paul Biya (Camerún) o Pierre Nkurunziza (Burundi). En su caso, como en otros, lograr la estabilidad y la apertura en Uganda tras años de guerra, le permitió echar raíces en la poltrona presidencial. Sin embargo, en un país donde la población es cada vez más joven -la mayoría ni siguiera había nacido cuando se proclamó presidente-, parece que al viejo caudillo le va ser cada vez más difícil controlar el descontento popular, augurando una nueva era para este país del oriente africano. 



miércoles, 19 de agosto de 2015

¿QUIÉN  MANDA  EN  LIBIA?

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

En la estratégica región del Magreb, entre la revolución "continua" que se vive en Egipto, la precaria estabilidad
de Túnez y el peligro de los yihadistas enclavados en el sur de Argelia, se ubica Libia, que luego de
cuatro años, la crisis existente ha impedido constituir un gobierno estable.


En la actualidad, cuatro años después del inicio de la aventura belicista de las potencias occidentales contra el gobierno libio, cabe preguntarse, ¿Quién manda en Libia? El otrora país con los más altos estándares de vida del continente africano, la nación con los mayores recursos petrolíferos e hídricos del Magreb, ahora está sumida en una crisis total y cerca de convertirse en un “Estado fallido”, si no lo es ya.

La situación catastrófica que vive Libia, pasa por lo ocurrido en el 2,011, cuando occidente estimuló las inconformidades de algunos grupos sociales que exigían al gobierno ser reconocidos y que aceptaran sus reglamos, mediante manifestaciones tribales marcadas por un gran acento étnico-religioso. Ante estas demanda, aparentemente justas y en un contexto regional de revueltas populares, en lo que se llamó la  “primavera árabe”, las potencias occidentales y el aparato militar de la OTAN, montaron un bien planificado operativo de desestabilización política, orientado a tumbarse a regímenes adversos y hostiles, como Libia o Siria.  

No podemos olvidar, que el 17 de marzo del 2,011, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ONU, emitió la resolución 1973, que declaraba el establecimiento de una zona de exclusión aérea autorizando a los Estados miembros de la ONU el uso de “todas las medidas que sean necesarias” para proteger a la población civil de Libia, con exclusión expresa del uso de fuerzas de ocupación en cualquier lugar del territorio. Lo ocurrido después, fue otra burla más para el sacro santo Consejo de Seguridad, por cuanto la aviación de la OTAN no tardó en bombardear el territorio de esa nación árabe hasta que fue “capturado, torturado y asesinado como un perro el presidente Muhamar al Gadafi” como lo describe acertadamente el ex presidente ghanés Jerry Rawlings, en una reciente entrevista.

“En un contexto regional de revueltas populares, las potencias occidentales montaron un bien planificado operativo de desestabilización política, orientado a tumbarse a regímenes adversos y hostiles, como Libia o Siria”  

El 19 de marzo de ese año, Francia, cuyo gobierno siempre tuvo hegemonía en lo que al uso de la fuerza se refiere, lanzó contra el territorio libio, una ofensiva con 20 aviones de guerra, incluyendo los potentes cazas Rafale y una cuadrilla de Mirage 2000, entre otros. La situación de caos fue tal, que solo en los primeros cuatro meses de enfrentamientos la cifra de muertos sumó entre 10 mil y 15 mil personas, principalmente entre la población civil.

Un Estado que contaba por esos años, con las reservas de petróleo más grandes de África y la novena en el mundo y que producía 1,8 millón de barriles por día, lo que le garantizaba 63 años de reservas al ritmo de producción, ha sido llevado a precarias condiciones de inestabilidad, unido a una pobreza jamás vivida y a la falta de perspectivas para una solución que beneficie al pueblo.

Por tratarse de un petróleo liviano y por su bajo costo de producción, el gobierno libio antes de la invasión militar, concibió planes de desarrollo y mejoras económicas y sociales que la hacían acreedora a un aceptable beneficio, no obstante diferencias marcadas en algunos lugares del país. Cuando occidente logró su objetivo de tumbarse al gobierno libio, abrió las puertas de los recursos energéticos a las transnacionales petroleras extranjeras, generando entonces el peor desenlace.

Organizaciones yihadistas como Ansar Al Sharia y el ya conocido Estado
Islámico EI han expandido su nefasta influencia violentista
en esta devastada Nación.
Las diferencias sociales se acentuaron, la violencia tribal lejos de acabarse se exacerbó; en un país tradicionalmente laico y en donde la mujer había logrado alcanzar sus plenos derechos, entraron en juego diversos grupos yihadistas como Al Qaeda y el Estado Islámico, fracturándose el país y haciéndose verdaderamente ingobernable y por lo tanto inviable.

En medio de este infierno, que ha significado estos cuatro años de intensos enfrentamientos, en la actualidad dos gobiernos se disputan el poder, mientras los yacimientos petroleros, fuente de la riqueza de la Nación, están en manos europeas y norteamericas. En Libia hay dos primer ministros, dos parlamentos y dos ejércitos -al menos formales, sin contar el archipiélago de grupos armados que existen en todo el país-. Ambos luchan por imponerse desde ciudades distantes a más de 1,300 kilómetros de distancia. Uno de los gobiernos tiene su sede en Trípoli, la capital y el otro se encuentra refugiado en la ciudad de Tobruk, pero es reconocido por la comunidad internacional.

“Las diferencias sociales se acentuaron, la violencia tribal lejos de acabarse se exacerbó; en un país tradicionalmente laico, entraron en juego diversos grupos yihadistas como Al Qaeda y el Estado Islámico” 

En Tobruk radica el parlamento, que tiene su sede en un hotel. Esta entidad del poder legislativo, sin poder real, lucha por establecer desde una constitución, hasta instituciones que permitan administrar el país, aunque no controlan sus tres principales ciudades. Ahora, el gobierno de Tobruk está en la práctica acéfalo, luego de la sorpresiva renuncia, esta semana, de su primer ministro Abdulá al Thinni, por discrepancias con sus ministros, en lograr un acuerdo para que su gobierno y el de los rebeldes asentados en Trípoli compartan el poder. Un acuerdo que para muchos no tiene futuro.

La importante ciudad de Bengasi, está controlada por grupos islamistas y Misrata, la ciudad con el mayor enclave portuario es leal a las rebeldes autoridades de Trípoli, donde está instalado el gobierno rival. El gobierno de la capital lo dirige la organización Fayer Libia -Amanecer en Libia- integrada mayoritariamente por misratíes (habitantes de la ciudad de Misrata) que el año pasado instauraron el llamado “Gobierno de Salvación”, que fue una fuente de inestabilidad política.

Así las cosas, Libia está profundamente dividida, sus dos gobiernos, no solo luchan por tener más poder y así controlar el país, sino también por contar con el apoyo de las milicias armadas que han desatado la violencia. El martirio que vive Libia, tomó mayor violencia a causa de la presencia de grupos terroristas de filiación yihadista. Organizaciones como Ansar Al Sharia y el ya conocido Estado Islámico están expandiendo su nefasta influencia en esta devastada Nación.

A estas alturas, está claro que fue peor el remedio que la enfermedad. El resultado de la invasión militar de occidente, para derrocar a Gadafi, a generado un país con grandes e insalvables rivalidades, que cuestan miles de vidas humanas y destrucción. Más que fallido, Libia está cada día más cerca de ser un Estado inexistente, en donde recurrentemente surge la pregunta: ¿Quién manda en Libia? 




viernes, 10 de julio de 2015

GUINEA  BISSAU:
¿HACIA  UN
NARCOESTADO?

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Las Fuerzas Armadas de Guinea Bissau, son un poder fáctico en el país. El último golpe de Estado del 2,012 fue
expresión de las pugnas internas por el control del trafico de drogas.

No hay una definición concluyente. Pero se ha venido usando el termino narcoestado, para aplicarlo a los países donde el negocio de la droga logró captar a las más altas autoridades y hacerlas gobernar para él. Son emblemáticos los casos en América Latina, de Manuel Antonio Noriega en Panamá o Luis García Meza en Bolivia durante los años ochenta, comprobados y activos narcos al mando de sus respectivos países.

El esquema estándar es el surgimiento de un poder estatal máximo que concede total libertad para el ilícito negocio, lo  cual incluye la resistencia  a las iniciativas contra la droga que vienen del exterior y un total control de los poderes e instituciones del Estado por parte de la organización criminal. Es así que naciones con inestabilidad política, debilidad institucional, aguda corrupción estatal o precario control fronterizo, son aprovechadas fácilmente por los cárteles de la droga. En África, un país que calzaría perfectamente con estas características sería Guinea Bissau.

Una nación con una esperanza de vida de 45 años, una tasa de analfabetismo del 44.7%, una posición en el Índice de Desarrollo Humano de 177 sobre un total de 187 países observados, una economía de supervivencia basada en la agricultura y la ganadería. Además, un país que ha vivido asolado por golpes de Estado, guerras internas, conflictos fronterizos y hasta magnicidios. Este es el retrato rápido que se puede hacer de un país como Guinea Bissau, la antigua colonia portuguesa, la más pequeña en el territorio continental africano, la que alcanza su independencia en setiembre de 1,974, por un efecto domino de la famosa Revolución de los Claveles en Portugal.

Es un país con cerca de 400 kilómetros de litoral, en su mayor parte
manglares. Un archipiélago compuestos por más de 80 islas.
El desmoronamiento de la presencia portuguesa en África, empezó precisamente, ahí. El general Antonio Spínola, que a partir de la Revolución de los Claveles desempeñaría un papel relevante, al ser el primer Presidente de la República nombrado tras el triunfo de los coroneles, ejerció allí, como Gobernador General. Lo que vio en Guinea, influiría probablemente, en su propuesta de salida del conflicto colonial por la vía política y no por la militar. Pero de esa Guinea, como pivote central en el tablero de la descolonización africana, no queda nada.

El Estado de hoy se debate en la lucha por la supervivencia de sus ciudadanos. Aunque la situación ha mejorado desde el 2,012, cuando se produjo el enésimo golpe de Estado que se llevó por delante al gobierno del Presidente Carlos Domingo Gómez, exponente máximo del liberalismo económico y del reformismo militar. Sus moderados intentos de reformar a las Fuerzas Armadas FF.AA. guineanas, a través de una misión militar angoleña, cuyo objetivo era profesionalizarlas y sacudirlas de su excesivo poder, fue lo que desencadenó la asonada golpista, que termino un año después con la convocatoria de unas elecciones presidenciales tuteladas por esas mismas FF.AA.

          “Guinea es un país asolado por golpes de Estado,
                  guerras internas, conflictos fronterizos
                              y hasta magnicidios”

En el plano económico, en los últimos años en Guinea Bissau, ha entrado mucha inversión china, atraída por la presencia de ingentes yacimientos de minerales en el subsuelo. Así, como es su costumbre, China pagó la reconstrucción del antiguo Palacio del Gobernador General, hoy convertido en la residencia oficial del Presidente de la República y está costeando el pago de la construcción del nuevo Palacio de Justicia. Además, de estas inversiones en infraestructura urbana, en Guinea Bissau se está consolidando un puerto franco para impulsar el eje África-China. La semana pasado un grupo de empresarios chinos llegaron a Bissau para estudiar diversas áreas de inversión. Según un comunicado del Ministerio de Economía de Guinea, los empresarios van a identificar oportunidades de inversión en los sectores de energía, agricultura, pesca e industria.

El 60% de la cocaína que llEga a Europa, pasa a través de los países del
África occidental, como Guinea Bissau, para luego ser trasladada
hasta las costas del Mar Mediterráneo.
Pero los chinos no son los únicos extranjeros que frecuentan este país, sobre su territorio se encuentra instalada una misión militar de mantenimiento de la paz de la Naciones Unidas desde el año 2,006, comandada por soldados de Nigeria. Lo cual se ha convertido en una presencia habitual en este país, por su crónica inestabilidad política. En los últimos tiempos, Guinea viene siendo además el centro de los análisis internacionales sobre el tráfico de estupefacientes, que la definen deshonrosamente, como un narcoestado. El término ha generado cierta polémica. La doctrina está dividida. Como lo señalábamos líneas arriba, los más puristas consideran que en rigor, un narcoestado es aquel que se financia exclusivamente a través del narcotráfico y dado que este no es el caso de Bissau, no entraría en dicha categoría. Otros consideraran que sí se trataría de un narcoestado, desde el momento en que parte de la administración recibe dinero a cambio de hacer la vista gorda al uso de su territorio para el tráfico de drogas entre América y Europa.

Según datos de las Naciones Unidas, en los últimos años el 60% del total de la cocaína que se vende en los países europeos, estamos hablando de más de 280,000 toneladas de cocaína al año, pasa a través de los países del África occidental. Es así como naciones, como Guinea Conakry, Liberia, Sierra Leona, Nigeria y principalmente Guinea Bissau, se han convertido en puntos claves de recepción de esta droga, proveniente de los centros de producción, como Perú, Colombia o Bolivia. Para luego atravesar un corredor desértico conformado por los países de tránsito de la droga como: Malí, Níger o Mauritania, para luego desembocar en las costas del Mediterráneo, a tiro de piedra de los países europeos.

           “Por su inestabilidad política, corrupción estatal
               y precario control fronterizo, Guinea Bissau
                    se ha convertido en un punto clave
                        para los cárteles de la droga”

Un signo flagrante de la presencia del narcotráfico en la economía de Guinea Bissau, es lo que muestra a diario la prensa escrita de este país. Noticias que parecen sacadas de una serie de televisión sobre mafias colombianas: casas lujosísimas a medio construir en medio de ninguna parte; coches de alta gama, como Audi TT o Porsche Cayenne circulando por calles sin asfalto o historias fantasticas que se escuchan en la capital. Historias que carecen de cualquier tipo de rigor, pero que alimentan la leyenda de una actividad delictiva que todos los guineanos conocen, muchos se benefician de ella, pero que todos callan.

Relatos que hablan de fardos de cocaína de alta pureza, que fueron encontrados por los habitantes de una población rural, pero que la usaban para dibujar líneas de demarcación en improvisados campos de futbol. Otros más dramáticos, como la muerte por intoxicación de familias enteras al usar la cocaína como alimento, al creer que se trataba de harina. Realidad o mito, lo cierto es que el Estado guineano carece de medios suficientes para controlar un territorio con casi 400 kilómetros de litoral, que en su mayor parte son manglares compuesto de un archipiélago de más de ochenta islas, muchas de éstas con pistas de aterrizaje clandestino. Imposible controlar un territorio con escasos efectivos,  con patrullas costeras en precarias condiciones y una cupular militar con evidentes vínculos con las mafias del narcotráfico.

El riesgo que organizaciones criminales de todo tipo campeen a sus anchas por el territorio guineano es alto. En un país en donde las condiciones sociales y económicas son tan precarias, la capacidad de corromper es inversamente proporcional a los medios con que se cuenta. Añadido a esto, habría que advertir: la expansión cada vez mayor, de la cocaína en el mercado guineano; la consolidación de zonas de mercadeo interno; el incremento de grupos dedicados a la importación clandestina de la droga; la formación de grupos de sicarios que controlan regiones en el interior y el perfeccionamiento de las modalidades de lavado de activos, por todo ello se debería interpelar al estado y a la sociedad guineana por el incremento de este fenómeno delictivo. Las fuerzas de seguridad y la clase política les deben una explicación a los guineanos.

             “En un país en donde las condiciones sociales
              y económicas son tan precarias, la capacidad
               de corromper es inversamente proporcional
                        a los medios con que se cuenta”

Pero a pesar de este panorama desolador, el primer semestre de este año arroja noticias positivas para uno de los países más pobres de la tierra. A fines del mes de marzo se celebró en Bruselas una Conferencia Internacional de Donantes, que acordó la creación de un fondo de 1,000 millones de euros a distribuir en una década, para el desarrollo de Guinea Bissau. En juego está, no sólo la posibilidad de seguir impulsando el proceso democratizador, iniciado en el 2,013, sino la reconstrucción institucional y económica del país. Del éxito de este programa de ayuda, depende también la estabilidad política de Guinea. Un Estado débil, que apenas si tiene capacidad de "golpear" en un mismo lugar del territorio a la vez y sobre el que se cierne también la amenaza yihadista.

Esa vulnerabilidad geográfica e institucional que se advierte en Guinea Bissau, podría convertirla, en breve tiempo, en un nuevo Estado títere de los movimientos fundamentalistas de raíz islámica, que ya amenazan la estabilidad de países como Malí, Chad, Mauritania o Libia y para los que parece ser muy atractiva la idea de una salida directa al Océano Atlántico, importante y estratégica vía marítima, por la cual llegan anualmente, a las costas de Guinea, cientos de miles de toneladas de cocaína.   



lunes, 6 de julio de 2015

IDRISS  DÉBY:
EL  NAPOLEÓN  AFRICANO
Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

La prensa adicta al gobierno del presidente chadiano Idriss Déby, no tiene ningún empacho en calificar a su
mandatario como el "napoleónico" gendarme africano.

La prensa chadiana, muy propensa a exaltar las cualidades de estadista de su presidente, en estos días no pierde oportunidad en enaltecer las dotes de gran estratega militar del mandatario Idriss Déby, a propósito de la última ofensiva armada del Ejército Nacional de Chad, contra las bases militares de las huestes terroristas nigerianas de Boko Haram, instaladas tanto en el territorio de su vecina Camerún, como en el propio suelo nigeriano.

Ni los brutales ataques terroristas, que asolaron a la misma capital chadiana, no han menguado el prestigio, ni la gran reputación de su líder máximo. “El Chad no se había comprometido en la lucha contra Boko Haram esperando escapar sin daño. Sabíamos desde el principio que había un precio que pagar. La guerra contra Boko Haram no ha terminado. Pero sabemos que vamos a ganar. Contamos para ello con un gran ejército, el más poderoso de la región y con un gran general, estratega y invencible, el napoleónico Idriss Déby”, parte del insólito editorial del diario chadiano “Le Vespéral” publicado el pasado 16 de junio.

A pesar de lo que escriba la genuflexa prensa chadiana, Idriss Déby no es un Napoleón africano, aunque muchos de sus seguidores lo consideren así. El mandatario del Chad, es simplemente un caudillo muy hábil, que durante un cuarto de siglo, ha sabido esquivar a sus enemigos, evitando los golpes bajos y logrando salir bien parado de situaciones críticas, siempre con la ayuda de Francia, su antigua aliada y cómplice. Logrando sobrevivir en una región africana particularmente inestable. En el antiguo “imperio colonial francés”, donde muchos jefes de Estado están sentados en asientos eyectables, él es un ejemplo de estabilidad.

Un joven Idriss Déby en los años ochenta, como jefe rebelde
de las guerrillas del Ejército del Norte.
Pero esta longevidad política no es una casualidad. Es el fruto de una inteligencia táctica, que sus adversarios la califican de maquiavélica. Combinada con una total falta de escrúpulos, que lo llevado a eliminar físicamente a sus opositores y aterrorizar a sus adversarios, lo que le ha ganado el calificativo de tirano y acusaciones reiteradas de crímenes contra la humanidad. Pero, como el buen Idriss es reelegido en elecciones pluralistas, aunque amañadas y fraudulentas, permanece como un fiel demócrata y un aliado incondicional de su antigua metrópoli y en recompensa, Francia le ha otorgado durante todo este tiempo, una confianza casi ilimitada.

Aunque Idriss Déby empezó su vida pública como un militar disciplinado, sin saberlo o quizás sin quererlo, jugó como una pieza de recambio a favor de los intereses de franceses, luego que el otrora poderoso Hisséne Habré, se desmarcara demasiado de los parámetros impuestos desde Paris. En 1,990 las tropas de Déby se enfrentaron con el ejército del ex-dictador Habré, hasta que el 2 de diciembre ocuparon la capital del país, la ciudad de Yemena, haciéndose del gobierno y nombrando a Déby nuevo presidente. Idriss Déby es un hombre con suerte, ha visto caer al más profundo abismo, tanto a su antiguo compañero de aventuras Hisséne Habré, como a su aliado y socio africano Moamar Gadafi, en ambos casos por la ingrata e inapelable y muy temida decisión de Francia.

         “Déby ha logrado sobrevivir en una región africana
            muy inestable. En donde muchos jefes de Estado
                    están sentados en asientos eyectables,
                        él es un ejemplo de estabilidad”

Pero el presidente de Chad, no parece que vaya conocer un destino tan funesto. Todo parece indicar que goza de una posición más ascendente ante la política francesa. Especialmente, gracias a la renta del petróleo que ha empezado a ser explotada desde hace unos diez años y gracias a un aguerrido ejército, el más profesional, mejor entrenado y con mayor equipamiento en toda el África francófona. Profesionalismo y eficiencia ganada durante los largos años que tuvo que lidiar, con los más diversos grupos rebeldes, de todo signo: ideológico, tribal o confesional y teniendo como escenario de estos conflictos, los inhóspitos y temerarios desiertos chadianos.

El ejército chadiano es el más profesional, mejor entrenado y con mayor
equipamiento militar de toda el África francófona. 
La eficacia militar de los ejércitos de Déby, también le han prestado asistencia a los militares franceses en su lucha contra el terrorismo en el norte de Malí, asimismo, ha desempeñado temporalmente el papel de Cascos Azules en la República Centroafricana RCA, después que Déby sembrara de muerte y desorden, al armar y financiar a las milicias de Seleka, y ahora prestando sus servicios al norte de Camerún, contra la ofensiva de Boko Haram. Es decir, todo el aparato militar, del mejor ejercito de la región, al servicio de los intereses geopolíticos de Francia. Con esta ejecutoria, es más que seguro, que Idriss Déby, tenga asegurado un lugar privilegiado en el Parnaso francés erigido para los tiranos consentidos. 

Pero volviendo a lo que la prensa chadiana está elogiando con tanta elocuencia durante estos días, es decir, a la ofensiva militar del Chad contra el terrorismo yihadista; habría que preguntarse: ¿Qué mosca le ha picado a Déby para que ahora ataque a Boko Haram, un movimiento terrorista al que abrigó no hace mucho tiempo? ¿Está quizás tocado por la gracia de la lucha contra el terrorismo? ¿Actúa solo por cuenta de Francia o tienen un juego propio en la región? Lo cierto, es que desde el mes de abril de este año, sus ejércitos han llegado al norte de Camerún con cientos de hombre y de vehículos militares, para hacer de policías, en un país totalmente incapaz de defenderse por sí mismo. Camerún gobernado por Paul Biya desde hace 33 años, dispone sin embargo de un ejército de cuarenta mil hombres. Pero son militares insuficientemente capacitados y escasamente equipados, en razón: de la endémica corrupción de los generales cameruneses, que desvían buena parte de los presupuestos militares, y sobre todo de la desconfianza de Biya hacia los hombres vestidos de uniforme, lo que ha permitido, hasta ahora, evitar ser derrocado por un golpe de Estado.

Camerún, el otro aliado de occidente tiene un aparato militar de pacotilla, en comparación con la del Chad, dotado de aviones Shukhois de fabricación rusa, helicópteros de combate Mi24 y Mi17 y desde hace algunos meses de los caza bombarderos Mig29, contando también con una unidad anti-terrorista formada y adiestrada por militares norteamericanos desde el año 2,004.

     “Para atajar la amenaza yihadista, el gobierno chadiano
        acaba de ejecutar un gigantesco operativo de capturas
           deteniendo en Yamena, a miles de sospechosos de                                       tener simpatías con Boko Haram”

Ahora, al desplegar tal fuerza ofensiva contra Boko Haram, Déby sabía que corría el riesgo de ser atacado en su propio suelo por esta organización yihadista, quien disponía de una base de retaguardia en Níger y venía llevando a cabo acciones armadas en Camerún, con el objetivo de implantarse también, en la vecina República Centroafricana RCA.  Para atajar está continua amenaza, el gobierno chadiano acaba de ejecutar un gigantesco operativo de capturas y redadas, deteniendo en la ciudad de Yamena, a más de mil sospechosos de tener simpatías yihadistas.

Pero como se vio en Nigeria, la respuesta exclusivamente militar a la barbarie de los barbudos, no conlleva a la reducción de sus acciones, ni a la mengua de su expansionismo en la zona. En un país completamente corrupto, como la Nigeria que dejó el presidente Jonathan, las poblaciones del Norte, que se sienten abandonadas del poder de Lagos, continúan aportando un apoyo pasivo a los islamistas nigerianos, con la complicidad de las elites y los políticos locales, disgustados por su condición de eternos marginados. El nuevo gobierno del presidente Buhari, debe saber que sin medidas políticas y sociales destinadas a reducir su influencia, el yihadismo en Nigeria no va ser derrotado de manera duradera.

Confiado en su buena estrella, que le ha permitido librarse sin daño, de la aventura contra los islamistas malienses, Idriss Déby no hace consideraciones, ni cálculos políticos. Al mandar a sus tropas contra Boko Haram, como buen estratega militar, Déby espera matar dos pájaros de un tiro. 1.- Proteger los intereses económicos de su propio país, totalmente encerrado geográfica y económicamente. El Chad no dispone de otra salida que Camerún para asegurar su abastecimiento, mediante una línea de ferrocarril y para sacar su petróleo, a través de un oleoducto de un millar de kilómetros. Dos cordones umbilicales amenazados por la presencia de Boko Haram. 2.- Fortalecer su estatus de gobernante ineludible y confiable ante los ojos de occidente y en especial de Francia, para seguir siendo, no solo el napoleónico gendarme africano, sino el tirano consentido que tanto necesita occidente en África.







sábado, 6 de junio de 2015

LA  CRISIS  EN  BURUNDI:
LA TRAMPA
RUANDESA

Por: Javier  Fernando  Miranda  Prieto

Las masivas protestas populares contra la ilegal candidatura del presidente Nkurunziza en las próximas elecciones
presidenciales, han generado una brutal represión militar en Burundi, precipitando a este país
hacia una impredecible, como peligrosa guerra civil.

La actual situación de inestabilidad y anarquía política, que se vive en Burundi, está precipitando aceleradamente a este país, hacia un abismo de caos y violencia sin retorno. La terca y tozuda aptitud del presidente burundés Pierre Nkurunziza, de postular a un ilegal e inconstitucional tercer mandato presidencial, está poniendo en peligro la frágil estabilidad, no solo de su país, sino de toda la estratégica región de los Grandes Lagos.

A medida que la violencia se intensifica, especialmente en la capital Bujumbura, la Cruz Roja de Burundi ha informado que al menos 25 personas han muerto, mientras el número de detenidos, según cifras oficiales, bordearían las 190 personas encarceladas por delitos contra el Estado. Según la Organización Internacional para las Migraciones OIM, la cifra de los desplazados, que han cruzado las  fronteras de los países vecinos en busca de refugio, bordea las 140,000 personas. Se calcula que cerca de 70,000 están en Tanzania, 50,000 han logrado llegar a Ruanda y 20,000 ya se encuentran en la República Democrática del Congo RDC.

Esta emergencia humanitaria se ve agravada, desde hace dos semanas con la aparición de un brote de cólera, en los campos de refugiados burundeses en Tanzania. Según la organización Médicos Sin Fronteras MSF, las víctimas mortales de esta epidemia sobrepasarían las 35 personas, sumándose a los 3,000 casos comprobados de esta grave enfermedad. Asimismo, MSF habría informado, que han aparecido los primeros casos de cólera entre los 50 mil desplazados que han llegado a territorio ruandés. 

Son más de 140 mil personas que han huido de Burundi, escapando de la
represión militar. 50 mil de ellos se encuentran en la vecina Ruanda.
Esta afluencia de refugiados hacia Ruanda, ha activado todas las alertas sanitarias y de emergencia en el gobierno de Kigali. Hasta el punto que el propio presidente Paul Kagame, ha tendido su mano solidaria a su hermano en desgracia: “Se tomarán las medidas necesarias inmediatas para garantizar la protección a la población burundesa y actuaremos humanitariamente para restaurar la paz en ese país hermano”, señaló casi conmovido el mandatario ruandés.

Habría que reconocer que estas declaraciones de Kagame, no son una simple postura o exageración. La historia, ubicación geográfica y composición demográfica de estos dos países, han consolidado a través del tiempo, una estrecha relación entre ambos. Al margen de reconocidas coincidencias y divergencias históricas, Burundi y Ruanda están unidos por un pasado violento y en los últimos tiempos, por una marcada deriva autoritaria.

La actual crisis institucional, política y de legitimidad que atraviesa  Burundi, dada las condiciones actuales, habría que analizarla bajo los condicionamientos, intereses y gravitación que tiene el gobierno de Kigali, sobre la coyuntura que vive el régimen de Bujumbura.

Estos dos minúsculos Estados, están unidos, efectivamente, por diferentes aspectos: por el mismo pasado colonial; el mismo paisaje dominado por colinas; la misma superpoblación, entre las más elevadas de África (con 400 habitantes por kilómetro cuadrado) el mismo pueblo desde el punto de vista étnico, donde la mayoría hutu, conviven con la minoría tutsi y twa, quienes tradicionalmente han permanecidos marginados; con una misma y única lengua, hablada a ambos lados del río Akanyaru, que constituye la frontera entre los dos países. Sin embargo, estos dos Estados, que recuperaron su independencia plena, el 1 de julio de 1,962 han experimentado una evolución política diametralmente opuesta, pero que a partir de ahora, podrían estar coincidiendo en un proyecto autoritario común.

      “Según la OIM, la cifra de los desplazados de Burundi, 
       bordea las 140,000 personas, 70,000 están en Tanzania,
               50,000 han logrado llegar a Ruanda y 20,000
                          ya se encuentran en la RDC”


Ambos pises, fueron colonias del África oriental Alemania hasta 1,916, estuvieron luego bajo mandato belga por decisión de la Sociedad de Naciones y a continuación, bajo tutela del mismo país por orden de la ONU en 1,946. Las dos potencias coloniales (Alemania y Bélgica) se apoyaron en las monarquías feudales que reinaban en estos territorios antes de su llega, para administrarlas sin desbaratar demasiado las costumbres y las creencias locales. A la hora de concederles la independencia, bajo el torbellino de la marea independentista de los años sesenta, Bélgica avaló los hechos consumados en Ruanda, donde una revolución popular había derrocado a la monarquía feudal, y en Burundi, donde la monarquía no había sucumbido.

El frustrado golpe de Estado contra el dictador Nkurunziza, que despertó
la alegría y el respaldo de la mayoría del país, dio paso a una mayor
represión y a la restricción de las libertades democráticas. 
De esta forma, al llegar la independencia en 1,962, Ruanda se convertía en una república democrática dominada por los hutus y Burundi se mantenía como monarquía gobernada por una dinastía tutsi. Desde entonces, los dos países vecinos no han dejado de divergir políticamente, ni de influir, deliberadamente o por contagio, uno en los acontecimientos del otro.

En Ruanda, los monárquicos feudales tutsis, que no concebían la idea de vivir en un país gobernado por sus antiguos siervos hutus, abandonaron el país y se replegaron, en su mayoría, a Burundi. Desde allí prepararon y lanzaron, en reiteradas oportunidades, operaciones militares para intentar recuperar el poder, aprovechándose de la debilidad de la joven república. Mientras tanto en Burundi, la monarquía fue abolida en 1,966, pero solo se trató de una revolución palaciega, ya que fueron los militares tutsis los que se hicieron con el poder. En 1,972 esos mismos militares, so pretexto de un golpe de Estado fallido urdido por los hutus, perpetraron una de las peores masacres de la región, donde murieron más de 500,000 hutus burundeses. Algunas fuentes calificaron esta matanza como genocidio, pero la comunidad internacional miró a otro lado. Ante esta carnicería, varios miles de hutus encontraron refugio en la vecina Ruanda.

En 1,990, los descendientes de los monárquicos feudales ruandeses, que habían logrado alistarse en los ejércitos de sus países de acogida, lanzaron un ataque para recuperar el poder en Ruanda. La consecuente guerra duró más de tres años. En agosto de 1,993, los rebeldes tutsis y el gobierno ruandés de entonces, firmaron los famosos Acuerdos de Arusha en Tanzania, que otorgaba a los tutsis todos los puestos públicos y militares que reivindicaban, a cambio del cese de las hostilidades.

Mientras un antiguo refugiado hutu burundés, que había vivido y estudiado en Ruanda, Melchior Ndadaye, regresaba a su país, que había permitido el multipartidismo en favor de la apertura democrática, para ejercer sus derechos políticos. Para asombro de todos, este refugiado recién llegado a Burundi, venció en las presidenciales de junio de 1,993, al dictador tutsi, el mayor Pierre Buyoya. Sin embargo, no duró más de tres meses en la presidencia, en octubre del mismo año, los militares tutsis, que no toleraban tener como comandante en jefe –aunque fuera simbólicamente- a un hutu, lo sacaron de su cama, lo arrastraron por las calles de Bujumbura y lo torturaron en el comedor de los oficiales, antes que un cabo tutsi, lo estrangulara. Algunos piensan que Paul Kagame, que actuaba entonces, en connivencia con los oficiales tutsis burundeses y que en la actualidad, cuenta entre sus filas con numerosos combatientes procedentes de este país, como el actual general Jean Bosco Kazura, se encuentra en el origen y planeamiento de este asesinato.

                “Desde su independencia, los dos vecinos
                  no han dejado de divergir políticamente,
              ni de influir, deliberadamente o por contagio,
                    uno en los acontecimientos del otro”

Tan pronto se conoció, la noticia cayó como una bomba en Ruanda. Los partidos de la oposición, a los que el Frente Patriótico Ruandés FPR de Kagame había conseguido engañar, diciendo que el objetivo común era derrocar a Juvenal Habyarimana, el presidente hutu ruandés, y que después se repartirían el botín, abrieron los ojos. Ante la guerra civil que se desató en Burundi y los temores de inestabilidad, que podría expandirse en la región,  las diversas organizaciones políticas ruandesas se alejaron del FPR y apostaron por defender el régimen democrático.

Como antes, en la actual crisis en Burundi, los intereses de la vecina Ruanda
la hacen intervenir e influenciar en la política burundesa. 
Frente a esta contrariedad, el FPR no le quedaba más opción que la de provocar el caos, perjudicando la vigencia de los Acuerdos de Arusha y el lanzamiento de una ofensiva generalizada para hacerse con todo el país, mediante el asesinato del presidente Habyarimana, el 6 de abril de 1,994, dando inicio al llamado “genocidio ruandés”. Una vez más, los acontecimientos en Burundi influían en Ruanda y viceversa.

Desde hace algún tiempo, existían fuertes indicios que mostraban que Ruanda, estaba tratando de influenciar en el curso de los acontecimientos políticos en la vecina Burundi. La evolución política en este país, tras la guerra civil (1,993-2,005), no ha sido en absoluto del agrado de Paul Kagame, que al término de la contienda burundesa, ya llevaba más de una década en el poder en Ruanda. Los Acuerdos de Arusha entre los burundeses, que consagraba el reparto del poder entre tutsis y hutus a todo nivel, se sustentaban en la consolidación de un régimen democrático, lo cual no coincidía en absoluto con el proyecto de Kagame.

El modelo de democracia abierta, que se trató de construir en Burundi, especialmente la existencia de una oposición plural y activa –algo impensable en la Ruanda de Kagame-, la libertad de prensa, una sociedad civil fuerte e independiente o la desmitificación de un ejército de una sola etnia, la tutsi, como único garante de la seguridad de estos dos países, son características que provocaron, por muchos años, sudores fríos en Paul Kagame, que temía que algún día, sus seguidores se verían tentados de imitar al vecino burundés en materia de democracia. Todo ello era más que suficiente, para desear una desestabilización en la pobre Burundi.

        “El modelo de democracia que construyó Burundi:
             con una oposición plural, libertad de prensa,
            una sociedad abierta y un ejército multiétnico,
                 provocaban sudores fríos en Kagame”

En Burundi, desde hace poco más de un mes, se ha ido caldeando y enrareciendo la atmosfera política. El presidente Nkurunziza, ha dejado a un lado todo lo alcanzado en libertades ciudadanas e institucionalidad democrática construida con mucho esfuerzo por los burundeses y se ha embarcado en un proyecto autoritario, que tiene en su tercera e inconstitucional postulación presidencial, el primer paso para perpetuarse en el poder.

La reacción violenta de la juventud burundesa en las calles, en defensa del régimen democrático; la respuesta brutal y represiva por parte de la policía adicta al presidente; la frustrada asonada golpista, del mes pasado, que sirvió para evidenciar las pugnas y divisiones internas en el ejército y la radicalización, de los últimos días, del carácter dictatorial de un gobierno que está estrechamiento, cada vez más, los espacios de libertad y democracia, es la secuencia que se ha dado, desde el mes de abril, en la política burundesa y que está derivando en la consolidación de un régimen dictatorial.

Su objetivo de perpetuarse en el poder, puede hacer que Kagame, reedite
otro genocidio en la región de los Grandes Lagos, como el de 1,994
Ante ese escenario, en lugar que los burundeses logren solucionar la crisis política en base a la negociación, el consenso y la serenidad, el presidente Paul Kagame, aprovechándose del simbolismo del mes de abril -mes de la conmemoración del genocidio- y jugando con las emociones que afloran desde 1,994, se ha apresurado a echar más leña al fuego burundés. Por un lado estaba la ola de refugiados burundeses que llegaban a Ruanda, y que Kagame supo aprovechar para sus fines, manipulando las declaraciones de los recién llegados, las cuales fueron rápidamente difundidas por los medios adictos al gobierno, haciéndoles decir, a los refugiados, que huían porque son tutsis y que temen que los “imbonerakure” (los jóvenes paramilitares organizados y armados por el gobierno de Burundi) los masacren. Sin mencionar, que dentro de esos jóvenes burundeses existen numerosos jóvenes tutsis, que por lo tanto, extrañamente estarían masacrando a los suyos. Por otro lado, están las declaraciones sibilinas del propio Kagame, sobre su supuesto temor a que los acontecimientos en Burundi influyan sobre Ruanda, lo que implica, en otras palabras, que intervendría si los tutsis son víctimas de masacres en Burundi.

              “Ruanda ya le ha tendido la trampa a toda
             la clase política burundesa. Cualquier tipo de
       conflicto, será catalogado por Ruanda, como genocidio.
                 Justificando una intervención militar”

Como se sabe, Kagame tiene sus propias ambiciones de seguir gobernando su país por muchos años más, en las elecciones presidenciales programadas para el 2,017 la constitución le prohíbe postular a un tercer periodo. Sus intentos de reforma constitucional, no han sido recibidos, con buen agrado, ni por la oposición, ni por un amplio sector de la población, por lo cual está convencido que abrirse un frente externo, es lo más conveniente para sus fines. La consolidación del régimen dictatorial en Burundi, la inestabilidad política y la violencia armada en el este de la República Democrática del Congo RDC, como el despertar de las rivalidades y enconos étnicos en la región, le podrían ser muy funcionales para sus objetivos.

Ruanda ya le ha tendido la trampa a toda la clase política burundesa, sin distinción de partido político, ni de etnia. Cualquier problema, por insignificante que sea, derivado de la represición y la violencia o de cualquier otro conflicto, será rápidamente catalogado por Ruanda, apoyado por los medios y los lobbies occidentales, como genocidio. Esto justificaría la intervención de la comunidad internacional o más bien, de las tropas ruandesas bajo su mando. Los tutsis tomarían el poder en Bujumbura, disolverían el partido gobernante, declararían genocidas a los “imbonerakure” burundeses a semejanza de los “interahamwe” ruandeses y prohibirían toda oposición con el pretexto de luchar contra toda ideología genocida. Por último, para perpetuar todo su poder absoluto, se atribuirían el título de “liberadores del genocidio”.

La trampa ruandesa va ser que la historia reciente de Ruanda, se repita en la empobrecida Burundi.